A la hora de adquirir o arrendar una vivienda son muchos los aspectos a considerar, no sólo con respecto al inmueble en sí, sino que también se deben tomar en cuenta otros factores como su ubicación, comunicación, infraestructuras, etc.
Y es que el lugar en el que se encuentra es muy importante y tiene un efecto directo sobre su valor. De hecho, una de las características que puede aumentar el precio de un bien inmueble es la proximidad de las infraestructuras y comunicaciones.
Hay varios factores que pueden aumentar la demanda inmobiliaria como lo es el empleo local. La oferta laboral hace que los precios de las propiedades en esa zona suban, ya que más gente querrá vivir allí. Además, el tener una estación de tren o de metro cercana puede aumentar el valor de una vivienda. La construcción de nuevas líneas ferroviarias y carreteras puede transformar las periferias de las grandes ciudades y aumentar el precio de los inmuebles que allí se encuentran.
Algunos estudios muestran que los hogares que estén en un radio de 8 kilómetros de una estación ferroviaria tendrán un aumento en su valor; a menos, por supuesto, que se encuentre tan cerca que el ruido pueda representar un problema.
Pero también la relación entre la infraestructura y los bienes inmuebles están relacionados con las oportunidades de ocio que ofrezca la zona donde se encuentre la propiedad. La proximidad de áreas de restauración o instalaciones deportivas puede generar un aumento de la demanda y, por ende, del valor de las propiedades.
Por su parte, tener cerca buenas escuelas puede ser también determinante. De hecho, que el inmueble se encuentre en un buen distrito escolar puede ayudar a retener y aumentar su valor. Además, hay que tener en cuenta también la seguridad de la zona en la que se encuentra la vivienda, así como el potencial a futuro del vecindario.
La ciudad de los 15 minutos
Dentro del análisis del papel que juega la infraestructura en el valor de un inmueble hay un concepto que se debe considerar y es el de la “ciudad de los 15 minutos”. Se trata de un término acuñado y desarrollado por el profesor universitario Carlos Moreno que busca rediseñar las ciudades para que sus habitantes puedan acceder a todos los servicios que necesitan, tanto a nivel laboral, personal como de ocio, a 15 minutos a pie o en bicicleta, para que no tengan que usar el transporte público ni el vehículo propio.
Este tipo de ciudades de proximidad permiten aumentar la calidad de vida de sus habitantes, así como reducir las emisiones contaminantes al tiempo que constituyen una muestra más de la estrecha relación que existe entre el valor de un bien inmueble y la infraestructura que lo rodea.








